domingo, noviembre 20, 2005

VERSOS DEL HÍGADO


El escritor Luís Eduardo García, poeta laureado y reconocido periodista cultural, con el apoyo del centro de idiomas El Cultural (ex ICPNA) en la ciudad de Trujillo, ha organizado un ciclo de poesía titulado ENTRE DOS SIGLOS, el mismo que reúne a poetas desde la generación del 60 hasta los novísimos del siglo XXI. Cada jueves hasta el mes de febrero, en las instalaciones de El Cultural, se reunirán tres poetas a dar testimonio de ellos y a leer sus escritos. Esto comenzó la semana pasada, como fecha inaugural, motivo por el que fui invitado.

Desde el momento en que se tiene que elaborar una lista de los participantes (un derecho único del organizador, como suele ser el caso de los antologadores), se está elaborando, sin quererlo y paralelamente, una lista de los "no participantes". Justamente la voz de los "no participantes" es la que se ha hecho oír, y no propiamente con versos ni en un auditorio, sino, con salivazos frontales, en el mejor de los casos, y en otro, el más abundante, de modo caleta. Se habló de patería, de discriminación generacional e inclusive de misoginia. Cháchara vacía que sólo sirve para matar el tiempo mientras llega la hora de las noticias o las telelloronas, las Lexotán y las plegarias. Obviamente resultaría imposible reunir a todos los poetas que han hecho obra en Trujillo o en cualquier lugar del planeta, sin tomar en cuenta de que su poesía pudiera ser considerada buena o mala, pues al final, esa desición le compete al lector, aunque, en este caso del recital, a los oyentes (aunque más pareció una lectura de noticias por la, hasta ahora, pésima calidad de pronunciación y entonación de los primeros tres poetas). Bueno, se ha comenzado por el principio, es decir, con los dinosaurios del Parnaso y, como es sabido, éstos suelen ser, por lo general, los más reacios a los formalismos que no tienen otro fundamento que el respeto a la platea. Me explico: Se pactó concederle a cada poeta cinco minutos para un breve testimonio y quince para la lectura de su poesía. El primero de la jornada inicial a la que asistí, el mismo al que volveré a referirme luego, empleó un poco más de treinta minutos. Con ésto se zurraba en lo pactado y por si fuera poco, la sala empezó a llenarse de bostezos y cabeceos pero claro, el poeta ni enterado, seguía buscando algún otro "poema" de entre no sé cuántos folios, o sea, improvisado. Luego intervendría Luís Eduardo, al final de la soporífera lectura del primer invitado, para recalcarle al resto que se ciñeran al plazo establecido. Los otros dos poetas, más mesurados en ello pero también con pésimas lecturas (proseguía el noticiero), culminaron. En la sala éramos algo de cincuenta personas, de los que los jóvenes eran los más abundantes. No es usual que en el Perú una sala se llene con cincuenta personas para escuchar poesía, por lo general esto suele ser un acto de completo ausentismo. Para ellos, los jóvenes, más que para nadie es que se organizan estos eventos. Lo que siguió a continuación, fue una desfachatez.

En el breve conversatorio, a manera de preguntas y respuestas, puesto que siempre es saludable que el público interactúe con los panelistas, pregunté, a uno de los tres, al que había dicho que también era pintor, en qué momento sentía, como creador, de ser el caso, que la poesía se aislaba de la pintura o viceversa; o sino, si podía percibir cierta comunión en el desarrollo de ambas expresiones. La respuesta me dejó en nada. No, en nada no. Me dejó con un signo de interrogación gigante entre los ojos. Me dijo que él es un artista y que cuando quería pintar, pintaba; y que cuando quería escribir, escribía. !Plop! En fin, aunque la respuesta no me satisfizo, no deja de ser una respuesta. Lo otro, el primer poeta gruñón que tenía poesía inspirada en la diosa Valium, el mismo que nos arrulló por más de media hora, terminó de hundirse con su respuesta. Un muchacho, del que supe es su profesor en la universidad, le preguntó qué hacía en momentos en que la inspiración parecía ser esquiva, es decir, cuando quería escribir pero no tenía qué escribir. Respuesta: "no puedo responderle a su pregunta, porque una pregunta así no se puede responder en los cinco minutos que nos ha dado Luís Eduardo”. !Plop!. Obviamente la sala se llenó de murmullos. Una palabras de cierre del moderador y buenas noches los pastores.
Este tipo de actitudes lo que consigue es espantar a los lectores, alejar a los jóvenes de la poesía y también, burlarse de la audiencia que asiste a escucharlos. Valgan verdades, no me gustó nada de la poesía que escuché aquella noche, puesto que nunca supe si eran cuentos mal contados y pensados, o poemas a los que el hilo discursivo les había robado lirismo, sin contar lo anacrónico del lenguaje y las estructuras gramaticales, ni qué decir de los temas, totalmente obsoletos. Pero ya sabemos que algunos duendes siempre se sentirán elfos, cuando no demiurgos absolutos, de mirada metálica en pronunciado ángulo descendente, hacia los mortales, y que también habrá siempre algún desorejado que guste de sus berridos. Por lo demás, espero que esta convocatoria sea un éxito y me quedo tranquilo, porque aun quedan muchos jueves (y muchos jóvenes) hasta el mes de febrero, para degustar de la poesía trujillana y quizás me dé otra vuelta por ahí.


1 Comments:

Blogger luis eduardo garcía said...

La muestra ha sido organizada con la mejor de las intenciones, en fair play, sin mala leche. No ha habido ni habrá, de parte de los amigos de El Cultural y de de la mía, intención de "discriminar", "marginar" o "misoginar" a algún genio poético. En todo caso, ¿quiénes son estos últimos?, ¿en qué lugar viven para alcanzarles una invitación a posteriori?
En cuanto a la calidad de las lecturas, estoy de cauerdo con el comentario. No tengo nada que objetar. Cunde, como saben, la falta de profesionalismo en la escritura poética y en las lecturas que se hace en público. Es necasrio además más amor propio.
Lo que sí condeno es la falta de solidaridad de los participantes, que en su mayoría no asisten, no sé si por pereza, por egoísmo, por molicie o porque simplemente temen aburrirse. Qué huevada. Después se lamentan, se quejan o ponen el grito en el cielo por la la falta de público.
Espero que las cosas nos vyan mejor.
Luis Eduardo

jueves, 24 noviembre, 2005  

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